La isla de los muertos

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Arnold Böcklin – “La isla de los muertos” (1883, óleo sobre lienzo, 150 x 80 cm, Alte Nationalgalerie, Berlín)

Otra obra que me marcó en mi adolescencia.Su atmósfera llena de misterios,la barca solitaria…Esas sensaciones, todavía me deja hipnotizada y aún más con la música de fondo que encontraréis unos párrafos más abajo.

“La isla de los muertos” del pintor simbolista Arnold Böcklin es una obra fascinante, llena de silencio, magia y misterio, y con ese toquecillo tétrico tan propio de fines del XIX. El artista no quiso explicar nunca su significado, por lo que a día de hoy sigue siendo un cuadro deliberadamente ambiguo, abierto a múltiples interpretaciones, o quizás sea mejor hablar de sensaciones.

Un pequeño bote, conducido por un remero a quien muchos han querido identificar con Caronte, se acerca al embarcadero de una isla rocosa. En la proa, podemos ver a una figura de pie, envuelta en una capa o sudario blanco, y un objeto colocado transversalmente que podría ser un ataúd, también cubierto con una tela blanca y decorado con guirnaldas. El bote avanza lentamente, sin alterar lo más mínimo la superficie inmutable del agua. En las paredes de la isla hay excavados unos nichos o cuevas; sobre una de estas aberturas, a la derecha, aparecen las iniciales del artista “talladas” en la roca (quizás sea una referencia a su morada final en la tierra). Y ya no alcanzamos a ver nada más. Los cipreses de la isla, un árbol tradicionalmente relacionado con la muerte y los cementerios, nos ocultan lo que hay más allá de la puerta. ¿Dónde estamos nosotros? ¿En tierra firme, mirando la isla desde la lejanía? ¿O de pie en otra barca, acercándonos a ella?

Que se sepa, Böcklin pintó cinco versiones de esta obra. Las dos primeras son de 1880 y se conservan en el Kunstmuseum de Basilea y en el Metropolitan Museum de Nueva York respectivamente. Según parece (aunque hay dudas), Böcklin empezó con la versión de Basilea y cuando la tenía casi acabada, recibió la visita de una mujer llamada Marie Berna, que quería una obra para recordar a su difunto marido. Böcklin pintó para ella una segunda versión del cuadro, más pequeña, añadiendo el ataúd y la figura de blanco que vemos en el bote (esta sería la versión del Metropolitan). Como le gustó el resultado, añadió estos dos elementos también a la primera versión. La que tenemos aquí es la tercera versión, que le encargó en 1883 su marchante Fritz Gurlitt, que fue quien le puso el título al cuadro. Con muy buen ojo, le pidió a Max Klinger que hiciese una serie de grabados sobre la obra, que se vendieron como churros e hicieron que este cuadro de Böcklin se convirtiese en una de las obras de arte más famosas de fines del XIX. El compositor ruso Sergei Rachmaninoff compuso en 1909 un sugerente poema sinfónico basado en este grabado, que podéis escuchar aquí: http://goo.gl/NyeEm. Cuando esta tercera versión se puso a la venta en 1933, la compró uno de los personajes más odiados de la historia, el mismísimo Adolf Hitler. Hoy en día está expuesta en la Alte Nationalgalerie de Berlín. La cuarta versión (1884), que pertenecía al barón Heinrich Thyssen, fue destruida en Berlín, durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, y la quinta y última versión (1888) está en el Museo de Bellas Artes de Leipzig.

Un cuadro con historia, ¿verdad?

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About mariangel.gonzalez art

Mariangel Gonzalez Suarez Pintora y Restauradora Vive en Madrid y Burgos- Spain
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