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Alberto Durero – “Autorretrato con 28 años” (1500, óleo sobre tabla, 67 x 49 cm, Alte Pinakothek, Munich) Alberto Durero se gustaba mucho (estoy convencida de que cuando se miraba en un espejo, se daba hasta besos). Era guapo y presumido, y se… Alberto Durero – “Autorretrato con 28 años” (1500, óleo sobre tabla, 67 x 49 cm, Alte Pinakothek, Munich) Alberto Durero se gustaba mucho (estoy convencida de que cuando se miraba en un espejo, se daba hasta besos). Era guapo y presumido, y se autorretrató bastantes veces, para que la humanidad del futuro tuviese la oportunidad de deleitarse con su rostro perfecto y su espectacular melena rubia. Pero es que en esta obra concreta, estaba tan crecidito que se pintó como si fuese Jesucristo (no es el único artista en compararse a tan ilustre personaje, acordáos de Gauguin y su “Autorretrato como Cristo en el Monte de los Olivos”). Esta postura frontal y simétrica, en la que el personaje pintado se enfrenta al espectador con poderío, mirándole a los ojos, estaba generalmente reservada a las imágenes religiosas. Al común de los mortales, los artistas solían retratarles de tres cuartos (a medio camino entre la postura de frente y la de perfil). Aparte de la pose, hay muchos otros elementos que nos hacen pensar en la iconografía de Jesucristo, como el cabello largo peinado con raya al medio, la mirada intensa e impasible, la barba y el bigote y esa mano que parece estar bendiciendo (aunque en realidad está sobando su elegante chaqueta forrada de piel). En el lado izquierdo del lienzo, a la altura de sus ojos (para que no se nos pase), ha estampado la fecha de realización (1500) y su monograma (AD), que curiosamente coincide con la abreviatura de “anno domini” (año del señor) que solía añadirse a las fechas. Al otro lado, ha escrito un texto en latín que dice lo siguiente: “Por consiguiente, yo, Alberto Durero de Nuremberg, me pinto a mí mismo con colores indelebles a los 28 años de edad”. (Solo le falta añadir un “porque yo lo valgo”.) A pesar de todo, Durero mantiene algunos detalles naturalistas que le hacen parecer humano, como el vestuario civil, el flequillo despeinado y la ligera asimetría de su rostro (con un ojo más alto que el otro). Con este tipo de obras, en las que el artista se pinta a sí mismo como un caballero o un humanista, los pintores del Renacimiento trataban de reclamar la importancia de su arte. Estaban deseando que la gente dejase de verles como meros artesanos y empezasen a considerarles creadores de obras intelectuales.

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